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La muerte del P. Montes constituyó un momento clave para la historia de Dalmanutá: un desafío para el conjunto de los jóvenes consagrados y consagradas que se habían quedado sin su Director espiritual y padre, de refrendar con sus vidas la vitalidad y continuidad del Carisma recibido.
De la Cruz surge la vida, y así los meses siguientes a la muerte del P. Montes, de mucho sufrimiento, de muchas gracias de Dios, de fe, llevaron a un desarrollo posterior vertiginoso de Dalmanutá. Esta realidad se constató en todos los aspectos, tanto apostólicos, espirituales, institucionales, y aun económicos; Dalmanutá se multiplica, se desarrolla y crece aceleradamente.
En diciembre de 1983, uno de los integrantes de Dalmanutá, el P. Pablo Galimberti es nombrado Obispo de la Diócesis de San José de Mayo (Uruguay), y es ordenado en marzo de 1984. Esta circunstancia nos abrió mayores posibilidades dentro de la Iglesia: el reconocimiento de nuestros estudios, nuestras consagraciones y un respaldo institucional. El 15 de agosto de 1985 Dalmanutá es erigida como Asociación Pública de Fieles de Derecho Diocesano (Diócesis de San José de Mayo, Uruguay).

En 1985 se produce la primera ordenación de un integrante de Dalmanutá, la de Ernesto Popelka, cofundador de Dalmanutá, Director de nuestra Institución, quien sucedió al P. Montes en todos los aspectos. Por la antigua dedicación del P. Popelka al fútbol profesional contaba con una gran popularidad, por lo cual su ordenación tuvo resonancias muy notorias. En Uruguay, país tildado de laicista y secularista, la ordenación de un fiel exponente del pueblo uruguayo significó la posibilidad de conversión, de un cambio radical de vida de todo ese pueblo. Asimismo, ese acontecimiento fue otro hito fundamental en Dalmanutá, por cuanto el número de gente, compromisos y requerimientos que llegaron a nuestra casa se multiplicaron.
Todo esto nos ubicó en un momento de expansión de Dalmanutá, coherente con el crecimiento y la maduración institucional, tal como se ha dado siempre en la historia de la Iglesia.
Esta expansión buscó diferentes formas de expresión y difusión. Así, la presencia de la Institución Dalmanutá se fue dando a través de los años en los medios de comunicación social (radio, TV, conferencias, pláticas), en la Capilla María Reina de la Paz (1988-1998), en obras sociales (Centro Integral de Barrio “Dalmanutá” en Melilla –inaugurado en octubre de 1994-, con fines de promoción humana y espiritual, contando con guardería y talleres de oficios, etc.), en la formación de comisiones laicales, en la modernización tecnológica, etc. Estas y otras expresiones se dan en sintonía con el aspecto central de Dalmanutá: la Dirección Espiritual. En ella se han discernido y es ella quien le da a estas expresiones su matiz propio y original. Por otro lado, estas actividades, necesaria expresiónde lo que vivimos en nuestro corazón, nutren al mismo tiempo el propio espíritu de Dalmanutá según la dinámica de Dios: cuanto más amor se brinda, más se tiene.

 
FUNDACIONES

El crecimiento de Dalmanutá se refleja también en su dimensión misionera. Así, en 1984 funda su primera casa fuera de Montevideo, en San José de Mayo. Posteriormente, en el mismo año, funda su tercera casa en Uruguay, esta vez en Trinidad.
Luego este proceso se extendió fuera de fronteras: Buenos Aires (Diócesis de Avellaneda) en 1986, Pelotas (Brasil) en 1993 y Tijuana (México) en 1994.

Estas fundaciones se han dado en comunión y fidelidad al Carisma de Dalmanutá, por integrantes de uno y otro sexo con años de experiencia y maduración en sus vocaciones. Han determinado una nueva exigencia en cuanto a la formación en la cultura del país a evangelizar y en cuanto a la vida de oración, la cual ha posibilitado el discernimiento de los pasos a dar y el mantenimiento de un espíritu común.

Estas semillas al viento han salido, por obra de Dios, del primitivo tronco, para alimentarse y crecer en la tierra donde cayeron, con su gente, su cultura, su Iglesia local, al amparo y el cuidado de la Santísima Virgen María, “Emperatriz de las Américas” y Madre de la Iglesia. Mantienen así la condición de penetrar en el corazón de las personas y de los pueblos, para que el mensaje evangélico alcance al individuo en su totalidad.

Por otro lado, firmemente arraigados en Jesús y en su Iglesia, bebemos de sus fuentes para poder saciarnos y saciar el hambre y sed generadas en la gente. De esta manera, aspiramos a conjugar esas dos realidades en una sola, evangelizando la cultura e inculturando el Evangelio, tal como lo propuso Juan Pablo II y su Nueva Evangelización.

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